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SIETE TIPS PARA HABLAR SOBRE DINERO EN PAREJA

De: Revista Poder Y Finanzas

Publicado en diciembre 25, 2018 a las 2:17 am

Atrás han quedado los días en que hablar de dinero en pareja era “de mal gusto”. Ya es raro ver matrimonios civiles por bienes mancomunados. Sí, cada vez hay más parejas donde ambos trabajan y contribuyen, por igual, a las finanzas del hogar.

Desafortunadamente, el patrimonio sigue siendo el tema que encabeza las discusiones conyugales.

Por eso, aquí te explicamos algunos de los problemas más comunes y cómo enfrentarlos para evitar que el amor se salga por la ventana:

1. Hablar Claro

Es muy probable que el dinero tenga connotaciones distintas para cada uno de ustedes. Para ti puede ser sinónimo de seguridad, mientras que para él representa poder (o viceversa).

Además, los “subtemas” deudas, gastos fijos, ahorros o metas tienden a provocar incomodidad o una actitud defensiva en alguno de los dos.

De ahí la importancia de hablar con cierta regularidad. Claro que la sola conversación no resolverá el conflicto, sobre todo, si hablan involucrando muchas emociones y una conducta reactiva.

Lo principal es que sepan dónde están parados para poder fijar objetivos en común, preferentemente con la ayuda de un asesor financiero.

Las finanzas domésticas deben manejarse de forma similar a las de cualquier negocio, es decir, con objetividad, disciplina y estrategia.  Por ello, lo primero que deben hacer es establecer prioridades.

Es fundamental saber qué es importante para cada uno y llegar a un consenso. Tampoco pierdan de vista el equilibrio entre lo que es vital (los gastos cotidianos e imprescindibles) y aquello que los enriquece como pareja (las vacaciones, por ejemplo).

2. Planificación y Control

No se pueden tener metas financieras si no saben adónde se está yendo el dinero. Hagan un presupuesto lo más detallado posible y denle seguimiento. No olviden prorratear aquellos gastos semestrales o anuales que a veces se omiten, muy especialmente los seguros. Y además, consideren un monto significativo para gastos imprevistos, que abundan y son muy frecuentes.

Supervisar los ingresos no significa volverse unos “cuentachiles”, ni que hagan señalamientos cada vez que el otro adquiera algo. Uno de los dos puede tener la etiqueta del “ahorrador”, y el otro la de “gastador”; eso no es necesariamente cierto. A lo mejor él insiste en que tú compras mucho, pero luego se presenta en casa con ese gadget porque estaba a un precio irresistible.

En términos generales, las mujeres se enfocan en el súper, los servicios y la ropa; mientras que los hombres tienden a hacer pocos consumos, pero son de los “grandes” (computadoras, autos). En otras palabras, ambos gastan aunque de manera distinta. Lo importante es que lo hagan conforme a lo establecido.

Una vez que se asignan los recursos a las cosas imprescindibles, vean qué tanto dinero sobra para las más grandes y adquiéranlas cuando tengan ese monto o estén muy cerca del mismo.

3. Juntos pero No Revueltos

Las discusiones pueden aminorar si cada uno tiene su propio dinero para gastar. Es falso aquello de que tener cuentas separadas afecta la unidad y la confianza conyugal.

Los especialistas en finanzas personales insisten en que lo mejor es que cada uno tenga su propia cuenta y, además, abran una conjunta.

¿Cuántos recursos tener en cada una? No hay recetas; lo ideal es repartir en porcentajes con los que la pareja se sienta cómoda y tomar la mejor decisión sobre dónde mezclar el dinero de ambos.

Por ejemplo, la mancomunada puede destinarse a los gastos de la casa e incrementarse cuando lleguen los hijos y/o se empiece a pagar el crédito hipotecario contraído.

4. Nada de Secretos

“No te lo dije para no preocuparte”.

Esta frase es típica entre quienes ocultan a su pareja los compromisos con el banco o las deudas contraídas con otras personas. A la larga, la verdad sale a la luz, así que dejar de informar las decisiones importantes puede conducir a pleitos interminables e, incluso, al fin del matrimonio.

Otras prácticas bastante usuales son, por un lado, mentir acerca del precio de las cosas que se adquieren y, por el otro, las compras “hormiga”.

Si destinas una pequeña parte del presupuesto doméstico a ese perfume anhelado, ¿cuál es el problema?.  Pero, ¿qué tal si haces algo similar de forma mensual o cada 15 días?

El equivalente en una empresa se conoce, ni más ni menos, como desfalco y es motivo de despido.

5. Ojo con las Deudas

Es cierto, todos vivimos endeudados de una u otra manera, pero ¿qué tan sano resulta desde el punto de vista financiero?. Eso depende de la capacidad real de pago. Lo que procede es replantear las prioridades y esperar el momento oportuno para hacerse de esas cosas que tanto anhelan.

¿Y qué hacer si te casaste con alguien muy endeudado? En ese caso, busca la manera de ayudarlo.

¿Por qué? Porque el mal historial crediticio de tu pareja hará que recaiga en ti todo el crédito que se contrate, ya sea para los autos y/o para la adquisición de la casa.

6. No más Pretextos

La cultura del ahorro no es algo que nos distinga. Las excusas para no hacerlo están a la orden del día.

Pero, ¿qué tal si piensan en ese 10% de los ingresos como otro gasto fijo? Obviamente, mientras más pronto empiecen, más fácil conseguirán la vida que planearon para el mediano o largo plazo.

¿Y qué hacer con esa suma? Las opciones van desde una sencilla cuenta de ahorros o un fondo de inversión, hasta el enganche de un bien inmueble e incluso el financiamiento de un negocio.

Las mujeres tienden a ser más conservadoras que los hombres. La recomendación de los expertos es que la pareja haga cuentas y lleguen a un acuerdo sobre los riesgos que quieren correr.

7. Para Emergencias

Independientemente de que hablen abiertamente de dinero, de lo mucho que ahorren o de lo mesurados que sean, la vida está llena de sorpresas.

Prepárense para los momentos difíciles. ¿Qué tal si alguno de los dos se queda sin empleo de la noche a la mañana?.

En el mejor de los casos, recibirá una buena liquidación, pero estos recursos deben usarse única y exclusivamente para vivir mientras se encuentra otra oferta laboral.

Lo mejor es tener un fondo para emergencias por un monto equivalente a unos tres o seis meses de lo presupuestado.

Esta suma puede marcar la diferencia entre la tranquilidad y la catástrofe, por eso lo mejor es siempre hablar claramente del dinero en pareja.

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